Escribo esta nota al pie de la botella
Se preguntará usted ¿por qué?
Bueno ella fue...una de mis más grandes amantes.
La mujer cuyo nombre fue igual al objeto que atesora este hombre.
Mi querida Rosa, ¡Oh mi Rosa!
De sonrisa angelical, y de puro corazón asendosa.
Fue muy grande mi afecto por ella
tanto así que terminó en querella.
Un día de esos, como el viento que se esfuma,se esfumó también mi bella.
Fuiste parte de un racimo de felicidad
todas rojas como amores.
Pero el tuyo sin sabores, pensé que era especial.
Después de tal episodio, atesorarte solo podía.
A la real la dejé ir, pero no de por vida.
Una maldición la impuse, pero se volcó en mi contra cual herejía.
Lo que me brindaste esa vez sin vacilar, esta vez lo atesoré sin siquiera dudar.
Si la abandonaba, se quebraba.
Si la embriagaba, se ahogaba.
Si la encerraba, se asfixiaba.
Sin embargo no quería que nadie la tocara.
Era mía, solo mía. No sabría si era obsesión o qué sería.
Y en una botella al aire libre la metí.
Ahora, envejecido por los años
puedo ver qué tan ingenuo fui en antaño.
Esa rosa, cuyo elixir yo ingerí
hizo brotar mis lágrimas más azarosas.
¡Embriagarme de recuerdos que hacen daño como sus espinas, eso fue lo que conseguí!
Y entré en un estado de tal vesania y locura
con solo mirarla consumía su belleza y daba peso a su amargura.
Por querer encarcelar su amor y mantenerlo vivo, litro y medio de su bilis sin saber aguardé y consumí.
Ahora lo invito a usted lector, a una pequeña pero valiosa reflexión
queriendo que, tal como mis ojos,sean también los suyos cristales
que vean a través del tiempo
y vean en ella no a la rosa más bella
sino a la flor que sin amor su propio suicidio proclamó.
Esa rosa traicionera que un mal sabor de boca me dejó.
Contémplela o pruébela.
Después de un centenario ya no puedo decidir yo de esa manera.
Dejaré que su voluntad y buen juicio sea la sabia consejera.
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