
En mi cumpleaños, como en casi todos los años, recibí besos y abrazos como obsequios. Pero en este año recibí una botella muy extraña, la cual tenía una etiqueta color oro brillante y letras del color de la sangre que decían “Carlos 1”. Tiene una figura perfecta, un aroma de ensueños y un sabor dulce adormecedor, que ni mi perro, ni mi gato se resistieron a ella. Al levantarme y abrir mis cortinas lo primero que brilla en mi cuarto es aquella botella, pequeña, pero con un poder inimaginable. Un día, de casualidad, cayeron pequeñas gotas de aquel maravilloso dulce en el plato de Carlitos, mi perrito, quién a pesar de ser el más anciano de mi casa no pasa de los 30 cm. de altura.
A los pocos días, Carlitos se volvió muy voluntarioso y ejemplar. Comenzó con servirse solo su plato de comida, a lavarse los dientes después de comer y a bañarse solo en la tina del baño. Ahora me tiende la cama todas las mañanas, lava mi ropa, la recoge cuando esta seca y la plancha cuidadosamente. Ordena mis cajones, mi closet y mis zapatos. También, barre mi dormitorio y lo trapea, pero cuando esta cansado solo pasa la aspiradora. Me abre las cortinas al amanecer, me alista mi mochila de la universidad, me hace una pequeña lonchera y cuando estoy agotada me hace las tareas. Lo excelente es que se limpia y va al baño solo. Es maravilloso, desde aquel día Carlitos y yo nos hemos vuelto más amigos. Aquel líquido misterioso de aquella deslumbrante botella cambio mi vida, todo lo que proviene de ella es incomparable. No se por que me toco esta suerte inmerecida, de repente hay una botella destinada para cada uno de nosotros, encargada de llenarnos de alegría la vida. Carlitos ya encontró la suya y se ha hecho muy amigo de Pepito, mi gato.
A los pocos días, Carlitos se volvió muy voluntarioso y ejemplar. Comenzó con servirse solo su plato de comida, a lavarse los dientes después de comer y a bañarse solo en la tina del baño. Ahora me tiende la cama todas las mañanas, lava mi ropa, la recoge cuando esta seca y la plancha cuidadosamente. Ordena mis cajones, mi closet y mis zapatos. También, barre mi dormitorio y lo trapea, pero cuando esta cansado solo pasa la aspiradora. Me abre las cortinas al amanecer, me alista mi mochila de la universidad, me hace una pequeña lonchera y cuando estoy agotada me hace las tareas. Lo excelente es que se limpia y va al baño solo. Es maravilloso, desde aquel día Carlitos y yo nos hemos vuelto más amigos. Aquel líquido misterioso de aquella deslumbrante botella cambio mi vida, todo lo que proviene de ella es incomparable. No se por que me toco esta suerte inmerecida, de repente hay una botella destinada para cada uno de nosotros, encargada de llenarnos de alegría la vida. Carlitos ya encontró la suya y se ha hecho muy amigo de Pepito, mi gato.
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