Amiga del alma, compañera fiel en interminables aventuras, es bueno saber de ti otra vez. Gracias por darme la dirección de tu actual morada, pensé que te había perdido para siempre. Te ves muy bien en la foto.
¿Recuerdas aquellas travesías por los lugares más legendarios y míticos del planeta? ¿De cómo descubrimos juntos las laberínticas cuevas de Mammoth?¿De nuestros encuentros temerarios con los esqueletos templarios?
Son muchos los recuerdos que vienen a mi mente. Especialmente rememoro cuán útil me fuiste en los momentos más difíciles. Doy gracias al cielo haberte encontrado en aquel viejo baúl en mi odisea por tierras vikingas.
Tú fuiste la luz que me guió y el líquido que expulsaba el miedo de mi interior a la hora de actuar. Juntos vencimos a los cientos que trataron de impedir que lográramos nuestro propósito.
Conseguimos miles de riquezas y nos regocijamos saboreando las delicias del dinero. Aquellos tiempos sí que fueron buenos, ¿no crees? Lástima que, al final, cuando estábamos a punto de lograr nuestra mejor hazaña, se avecinara sobre nosotros la desgracia.
En fin, al menos se que vas a seguir en el lugar que estas ahora por mucho tiempo. Así que esperaré para ver si el tiempo me da la mano y mi situación se vea más favorable. Ojalá pueda visitarte pronto amiga; siempre y cuando logre salir de estos muros con barrotes que me niegan la libertad.
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