
Kingtella aún me acuerdo ese día en el que estaba un poco bajoneado y lo único que quería hacer era tomar por ella, fui a ese día al bar de Tomás, en esa esquina antigua que está en el centro de Lima, en la plaza San Martín.
Pasaban las horas y el tequila iba subiendo velozmente a mi cabeza, cuando en eso tu notoria presencia me hizo pedirte, te tomé , tu textura era increíble. Empecé a consumirte, y querer más de ti, eras como una droga, de pronto me concentré tanto en ti que dejé de pensar en ella, cuando en eso, una mano en mi hombro y una voz que me dice: " Te puedo hacer compañía" , era ella.
Definitivamente me trajiste suerte, se me pasó la amargura en un segundo, fuimos a su casa e hicimos el amor tan apasionadamente como la primera vez, cuando desperté, estaba tirado en la calle con el cuerpo adolorido y contigo, mi Kingtella, en la mano. Empecé a recordar que no tenía dinero y que el dueño del bar me botó, que me resistí y me golpearon, pero felizmente antes de todo te escondí.
Pamela Lamilla
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